EL CALIZ QUE YO HE DE BEBER

Decís vosotros con boca grande que es voluntad de Dios acoger, sostener y acompañar a todos los inmigrantes, y que no es católico quien no comparte esta opinión. ¿Es caridad atraer a pobres jugándose la vida a España para que la pierdan aquí? Porque gracias al quehacer legislativo los españoles de origen extranjero ya son un tercio de España, y con la voraz ruina económica -hasta ahora disimulada por Der Leyen con paguitas- y el fin de la clase media que sobrevendrá a la intervención actual en vivienda, España se despertará un día ya muy cercano siendo el prostíbulo de los ricos; y los que vinieron buscando prosperidad se encontrarán en la peor de las esclavitudes.
¿Es que quiere Dios que este pueblo, ‘hijo de María’, al que tan alto destino reservó en la Historia, vea su fe y su cultura asfixiadas y muertas por una interpretación ciega y errónea de la caridad?

En los dos artículos precedentes hablé de un levantamiento popular, de un engaño masivo de los medios y de una responsabilidad criminal. Quiero ahora resumir ese contenido en un caso reciente de manipulación política.

Aquella copa de Europa del año 2024 fue ciertamente un fraude, que Alemania consintió porque ya todos somos vasallos. Bastaba ver la artificiosidad de la retransmisión, y les refresco la memoria. Una ‘interface’ diseñada para alejar emocionalmente al espectador: despersonalización del público, que se veía como una masa uniformada, y de los locutores, que parecían alienígenas; banda sonora trucada: a pesar de que no había viveza en el juego, porque donde no hay alegría no puede haber creatividad, cada vez que Alemania robaba un balón rugía la muchedumbre, para crear la impresión de una España arrolladora. [El contexto, lo repito, es el de acabar con un país que tan sólo hace veinte años estaba entre las diez primeras economías, siendo cultural y religiosamente católico, y eminentemente familiar]. Y, en fin, para colmo de los colmos, se le robó un penalti a Alemania y no pasó nada.

Los jóvenes, que van ciegos por esta vida, festejaron aquella mentira como si fuera verdad; mientras algunos que se creen muy listos se felicitaban por el éxito de su maldad. El caso es que, como le pasó a Napoleón cuando pensó que apropiarse de España iba a ser un paseo, también a estos listos les está costando más de lo que pensaban acabar con nosotros. Y se ven obligados a seguir engañando a la juventud para que no se rebele contra ellos. Y así le dan héroes a los que alabar, y con los que identificarse para no sentirse miserables. Ya conté el caso del Open, pero no conté el del Mundial.

Hace dos meses, convencido de que la muerte de un joven en Ciudad Rodrigo, mientras celebraba el triunfo de España, no se había explicado bien, estando mi casa en calma, cogí mi nuevo coche y me fui a conocer aquel sitio. Esperaba, lógicamente, que la gente estuviera hablando de lo ocurrido el día anterior, y así fue.

Ciudad Rodrigo es una ciudad de piedra. Tiene un casco antiguo impresionante, donde se yerguen fortalezas, palacios, mansiones, y templos, en medio de calles y plazas empedradas.

Vista del valle del río Águeda desde la Muralla

En la riada informativa que siguió a la final pasó casi desapercibida la reseña de esta muerte en este lugar cercano a Portugal. Se dijo que en una fuente se había venido abajo el pilar de mampostería que sujetaba el adorno central, con la mala suerte de que un trozo grande de piedra alcanzara a un chico de catorce años.
Asistí al desarrollo de este mundial con la misma actitud escéptica con que examino toda la actualidad mediática; desarrollé esa actitud a raíz de la presentación al público de la Fundación que presido; en el Palacio de Benacazón estuvieron personalidades políticas, educativas, civiles y militares, y la Prensa. Ésta hizo un elogio de nuestra iniciativa y del carácter dinámico del matrimonio fundador. A partir de entonces, por la tremenda persecución que comenzó tras el evento, se me abrieron los ojos a la realidad socio-política y empecé a relatarla en el Blog que daba voz a la Fundación (fiate.es).
Trece años después, con más de ochocientos artículos publicados, mi olfato se ha agudizado para percibir el fraude. Hace poco hablé claro respecto a lo sucedido con la Dana, por ejemplo, aunque ese hallazgo fue claramente un regalo del cielo; pero vengo haciendo lo mismo desde aquel ya lejano 2013. Dios me ha encomendado ser atalaya para vosotros, y Él me da la fuerza para soportar la persecución que eso le ocasiona a mi familia. Desde luego, no hago esto por ninguna motivación humana; pues nada podría pagarlo. Lo hago por Dios, porque es Él, sus derechos, la vida buena que quiere para nosotros, lo que está en juego; y ¡ay de mí si no anunciara el Evangelio!

Este anuncio prendió a lo largo de los siglos en nuestra tierra, y explica el conflicto civil como una espontánea respuesta popular a hechos de barbarie; y otro tanto había sucedido con el levantamiento del Dos de Mayo. Respecto de éste, el propio Napoleón diría en su exilio del Pacífico: «El pueblo español respondió todo él como un solo hombre de honor». Y fue este honor el que derrotó al Imperio, porque el desgaste y la sangría que le provocó lo dejó sin fuerzas para pelear contra los ingleses.

Yo había observado la foto de mala calidad que acompañó a la breve reseña del accidente:

Fuente de la Plaza del Árbol Gordo

Si uno lee las noticias con actitud crédula se pierde muchos detalles. En esta foto el pilar aparece transparente, y semi-oculto por una bandera. Asimismo, es engañosa la apariencia del adorno, dando la impresión de que es más bien pequeño, y que el joven de blanco se apoya dentro de él en una sólida prolongación del pilar. Es ambiguo también el aspecto del entorno de la fuente, dando la sensación de que su extensión se prolonga más allá de dónde están los jóvenes, en una especie de fango con hojarasca.
Toda esa recreación obedece al intento de ocultar la triste realidad de este suceso: Que una grave negligencia, en la ola de la homicida mentira de nuestro triunfo, tuvo la culpa de esta desgracia; que Adrián no habría muerto si los fabricantes de ídolos no hubieran declarado a nuestra nación objeto de su deseo, y no la hubieran sitiado con mil artefactos mediático-bélicos a fin de apropiársela.
Esa plaza está justo a la puerta del casco antiguo; y recibe su nombre de un emblemático árbol, ya retirado de allí.

Aparqué cerca del lugar, y me di una vuelta. Unas velas ardían en el monumento, queriendo retener la presencia del fallecido. Me acerqué para rezar un Ave María, y llegó un vecino, diciendo: «¡Qué desgracia tan grande! ¡Ay, Adrianito! la de veces que lo tuve en brazos…».

Que la foto de prensa estaba retocada fue lo primero que se me hizo evidente. Rodeado de cintas perimetrales, el lugar de los hechos hablaba por sí sólo de la mentira que estaba en la base de aquella lamentable pérdida. Una mentira que, como todas, contenía en sí un germen de violencia, que explotó segando la vida de un inocente.
La nota de prensa atribuía el accidente al hundimiento de la mampostería (ladrillo y cemento) bajo el peso de los chavales. Pero aquel pilar no estaba hecho de ese material blando; era macizo con un pequeño orificio central para la tubería del agua; y soportaba ‘un adorno’ que consistía en una enorme ‘copa de piedra’, con un surtidor central. Este peso, cercano a las dos toneladas, reposaba sobre el pilar sin más sujeción que unas paletadas de cemento blanco, por lo que el colapso de la estructura estaba anunciado.
Esta tragedia nunca debió suceder. Por la razón ya dicha: que la ambición de los magnates que emplea medios ilícitos debería estar muy perseguida y castigada.

Pero hay, además, otra razón, también terrible, y que guarda relación con la primera: Que es tal el estado de ceguera y descomposición que nos provoca la acción violenta de los poderosos, que hasta la memoria y el más elemental sentido común perdemos. Entrando yo a tomar algo caliente en una churrería, una clienta estaba comentando la noticia con los dueños, y éstos se lamentaban de que ya en la celebración del triunfo de España en el mundial del 2010 había colapsado esta composición central de la fuente aunque, por suerte, sin tener que lamentar víctimas en aquella ocasión. Nos machacan la memoria a base de golpes: en el ánimo, en la imaginación, en la cultura, y hasta en el cuerpo y el alma (mediante el fomento del vicio); de tal modo que, ante un gravísimo peligro para los más indefensos de nuestra sociedad, nadie da la voz de alarma; nadie está en sus cabales; nadie escucha a su conciencia… Entre todos lo mataron, y él solito se murió.

Un grupo de chicas en una terraza comentaba: ‘Pero si la ambulancia anduvo dando vueltas por el pueblo con el chico dentro’. ¿Por qué? Está claro, porque recibían órdenes contradictorias de las autoridades, presionadas a su vez por sus jefes para ocultar la negligencia criminal. Acercándome a la fuente, una pandilla ante el foso seco escuchaba a uno que había estado allí: -¿Y cuánto tiempo pasó…?; -Nada; dijo el otro; oímos de pronto un impacto brutal… y se acabó.

Sí, desde luego, se acabó.

No me extrañaría que los censores hubieran retocado también mi foto; mi impresión in situ de las dimensiones del ‘adornito’ fue abrumadora, y al pegar la foto aquí no veo que le haga justicia; era además una foto nítida, y ahora la veo turbia. La copa, en recuerdo del árbol totémico, era más de un tercio de la superficie de la fuente, por lo que subirse a ella era una auténtica temeridad. Y todo de piedra… De mampostería, nada… Dos toneladas de piedra ‘pegadas con unas gotas de supergén’, como se puede apreciar.

Dándome una vuelta por el lugar, antes de despedirme, escuché a dos hablando de fútbol. Repasaban lo sucedido, y mostraban su desencanto: «Alemania, Inglaterra, Francia, incluso Bélgica, selecciones siempre potentes… (no se podían creer lo que vieron sus ojos). Y Argentina, lo que ha sido siempre esta selección en fútbol… Sí, los nuestros tiraron algo a puerta, pero sin fuerza… [yo no vi el partido, pero tengo entendido que Argentina ni siquiera disparó a la portería]… Lo que pasó no es normal, que el pez pequeño se coma al grande… pero, en fin, después de todo, hemos ganado…Sí, eso es verdad… bueno, adiós. -Adiós.«
¿Qué queda del edificio social después de eliminar la verdad? Queda lo mismo que en una construcción a la que le quitas el cemento: cascotes, polvo y muerte.
Adrián era de una conocida familia; pero junto a él resultó gravemente herido otro chico de origen extranjero. Al final, nacionales y extranjeros, somos todos víctimas de esas personas que no reconocen a Dios como su creador, y se erigen ellos en autoridad, y en jueces que sentencian a vida o muerte.

Cuando lleguemos al cielo no nos van a preguntar qué opinaba fulanito de tal asunto, sino qué hicimos nosotros con lo que nuestra conciencia nos dictaba.
Ya lo habíamos visto respecto de Job; desde su experiencia, y en conciencia, se atrevió a expresar una queja contra Dios; y con ello provocó un diálogo con Él, fruto del cual pudo exclamar: Antes te conocía de oídas; ahora te han visto mis ojos. Al tiempo que Dios corregía a Job, censuraba a sus amigos, respetuosos de la ortodoxia (que viene a ser lo mismo que el qué dirán). De este caso de Job bien se puede deducir que el obrar en conciencia es antes un mérito que un obstáculo para llegar a Dios.

Hay un deseo instintivo, aunque raramente configura por sí solo la vida de nadie; a él se le añaden de un modo natural otros deseos ‘más humanos’, menos irresistibles.
Pagamos un peaje por vivir en sociedad: el legado cultural. Lo que llamamos «respetos humanos» son una tasa social que, al que la paga, le previene de extravíos y le hace la vida «más sencilla». El que ordena su conducta con arreglo a esa norma no escrita renuncia a la consecución de su propio deseo a cambio de verse libre del qué dirán. El problema es que el precio de ese ‘bienestar’ se paga en pérdida de derechos. En concreto, en la actualidad, la libertad está muy mermada por esas servidumbres de lo ‘políticamente correcto’. Esta pérdida social afecta a todo, y se ve muy bien, por ejemplo, con el análisis de lo que acontece. Puestos a valorar cualquier hecho social, son pocos los que se atreven a contradecir las explicaciones oficiales; entre otras cosas por la potencia con que éstas se difunden. A pesar de que la actualidad sociopolítica es un caldo efervescente con todo tipo de tropiezos, la gran mayoría de la ciudadanía prefiere suscribir las explicaciones buenistas oficiales de lo que ocurre, allanarse a ellas para interpretar todo el caos que nos rodea (el esperpento político; la disparatada economía; la corrosiva Inteligencia Artificial; las guerras, incendios y catástrofes ‘casuales’ que nos arruinan; y el lío de la nueva iglesia). Pero estamos en un momento crítico; España ya no puede aguantar por más tiempo este desorden. Y, sin embargo, a este malestar responde el gobierno con desprecio, y lanzando golosinas por sus balcones; y, por la parte de atrás, atornillándonos cada vez más el cuello hasta casi dejarnos sin aire… de libertad.
Estoy tentado a menudo de arremeter contra la injusticia de los hombres, y, sin embargo, una y otra vez, el Señor me llama a tener paciencia y misericordia con todos. A ese fin he vuelto al teclado, impulsado por la voz del Señor: «No retengas la palabra oportuna ni escondas tu sabiduría; pues hablando se muestra la sabiduría, y la inteligencia en la respuesta de la lengua. (…) Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir. Pues hablando…» (Responsorio del Oficio de Lectura de hoy, lunes XXV)

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