TÚ ERES MI AMADO

Tú eres mi hijo amado*
Al despertar de muchas noches inciertas, ¡cómo agradezco poder encomendarme a ‘un Dios’, Padre misericordioso, y Hombre Verdadero! Porque vienen días de prueba y me asusta mi fragilidad, pero, una y otra vez, el Señor me asegura su presencia.
El relato que ahora emprendo es un episodio más de la guerra abierta entre el Señor de la Vida y el Príncipe de este Mundo. Arrecia el combate para quienes confiesan una ley natural estable, un orden benéfico del cosmos, que desde la humildad conduce a la perfección en el Amor, al goce de la Verdad, y a la Vida en abundancia que se renueva incesantemente.
Vivimos, los católicos, como ovejas en medio de lobos, aunque sin más ocupación que dejarnos guiar por nuestro Pastor. Y en esta amorosa obediencia encontramos siempre pasto fresco y aguas cristalinas. Nos acecha el enemigo, pero en la seguridad de sabernos hijos amados, le vencemos siempre.


Buscando un hogar
Casados hace veintidós años, mi esposa y yo hacemos a diario una oración al Beato Bernardo de Hoyos, pidiéndole ser un matrimonio según el Corazón de Cristo, y tener una casa en que asentar nuestro nido. Porque, si bien esa casa debe ser el mismo Corazón del Resucitado, Él sabe bien que también necesitamos de lo material, que una cosa va con la otra.
Metidos en la refriega por el amor de Cristo, arrecian las embestidas para romper nuestro matrimonio y desprestigiar a Jesucristo. En estos momentos tienen cautiva a mi esposa (ingresada irregularmente) y andan divulgando que quiere separarse de mí. Se han apoderado de las comunicaciones, y me juego la vida para romper el cerco que nos han tendido y sacar a la luz las mentiras que urden.

En el verano del 2010, a los cinco años de casados y teniendo nuestra hija año y pico, coincidiendo con la muerte repentina de su padre, mi esposa pasa 77 días hospitalizada en el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha, y permanece el curso 2010-2011 de baja, una circunstancia ésta que volverá a repetirse en el curso 17-18.
En su ingreso de octubre de 2017, el médico que le asignaron, incumpliendo lo acordado conmigo, la arrancó de mi lado sin previo aviso y la puso bajo vigilancia médica en Galicia, durante 150 días. Se da la circunstancia de que aquel psiquiatra es el mismo que acaba de ordenar un nuevo ingreso y un nuevo traslado sin contar conmigo.
Recaída mi esposa en julio de 2018, el equipo de este mismo doctor en el Hospital Provincial, en un proceso irregular impugnado por mí, la derivó vía Adeslas al Sanatorio Esquerdo (1878), adonde volvió a llevarla hace un mes; allí, en un cuarto vigilado por cámaras, tras diez días sin ducharse ni cambiarse, en un estado lastimoso, no me quedó más remedio que asumir el riesgo de llevármela voluntariamente a un centro de Asturias, donde, en cosa de cuarenta días, se recuperó lo suficiente como para empezar a trabajar en septiembre de 2018.
Estuvo apartada de las aulas -un tiempo de baja y otro en un puesto adaptado- desde marzo de 2019 hasta septiembre de 2023, momento en que vuelve a la enseñanza, aunque con un observador externo en clase. Entremedias, en marzo de 2021, en duelo por la trágica muerte de su madre siete meses atrás, perdida y aislada de su hija y de mí por consejo del Grupo de Policía de Familia, es sacada por la fuerza de nuestro piso, donde vivía sola, y llevada a un centro de Castilla y León, durante 150 días.
En abril de 2024, de nuevo en duelo por la muerte en extrañas circunstancias de su único hermano, vuelve a ingresar en contra de su voluntad, y, tras unos días estabilizándose en el Hospital de Toledo, es trasladada a la clínica Nuestra Señora de la Paz, de la obra de San Juan de Dios, en Madrid, donde permanece otros 60 días.
En septiembre de 2024 se incorpora a las aulas, con el mismo observador externo, y termina el curso felizmente. Por fin, en el primer trimestre del curso 2025-2026, imparte clases con normalidad, sin vigilancia; y el día de las vacaciones de Navidad se jubila por la edad.
Cinco comunidades autónomas, diez sanatorios, y cinco diagnósticos, uno de cada uno de los grandes grupos de los trastornos mentales recogidos en el DSM-V.

La Batalla de la Verdad

I)

1. Por el Art. 763 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, el citado médico del HUT que la acaba de ingresar debería haber justificado que había un beneficio terapéutico directo en efectuar un traslado a Madrid. Pero no podía hacer tal cosa, porque el centro de destino -el mismo al que ya la había mandado su equipo en 2018- había sido nefasto para ella, dejándole una herida que en estos ocho años ha reverdecido cada cierto tiempo, induciéndola a reprocharme ‘haber permitido’ aquel ingreso.

2. Asimismo, la delegada de Adeslas en Toledo -Dª Nuria Marín- que también tenía constancia del fracaso de aquel internamiento, pues había desembocado en un “Alta Voluntaria”, seguida de un reingreso en otro centro de Adeslas más adecuado, se saltó los derechos de la paciente a recibir de la compañía la atención que mejor garantizase su recuperación.

3. El artículo de la LEC antes mencionado da al médico un plazo de 24 horas para que avise al Juez de que ha ordenado un Ingreso Involuntario Urgente; y el magistrado, a su vez, tiene un plazo de 72 horas para ratificar dicho ingreso, previo dictamen forense. No me consta que el médico haya cumplido esa norma, por cuanto, a las veintiocho horas del ingreso, la paciente ya no estaba en el HUT (según testimonio de cuatro trabajadores de la planta, que rechazaron el neceser de cuidados básicos que yo le llevaba a mi esposa). Y, por supuesto, el juez y el personal forense no pudieron intervenir por falta material de tiempo. Y en el muy improbable caso de que un juzgado de Toledo hubiera ratificado el ingreso, se habría visto obligado el mismo día a inhibirse del procedimiento por traslado de la paciente a otra demarcación judicial, y a otra Comunidad Autónoma.

4. Con fecha 8 de julio del presente año, solicité formalmente a la delegada de Adeslas en Toledo ser informado del proceso de decisión por el que, sin llamarme a consulta, se determinó el ingreso de mi esposa en el citado centro de Madrid. Por lo que los hechos dejan entrever, es de temer que, en la toma de esa decisión, la compañía no sólo no atendió al bien mayor de la paciente, sino que la ingresó mal deliberada y apresuradamente. Porque el viernes 12 de junio, al día siguiente del ingreso en el HUT, a las tres de la tarde, me llamó la responsable en planta de mi esposa para decirme que acababa de enviar a Adeslas el preceptivo Informe Inicial; y esa misma tarde del viernes, apenas dos horas después, ya se estaban llevando a mi esposa a Madrid. Por cierto que, a día de hoy, diez después de haberlo pedido, aún no he recibido la respuesta del seguro a mi escrito.

5. Hechas las averiguaciones oportunas, he constatado que, en víspera de cumplirse cuatro semanas de su ingreso en el citado sanatorio decimonónico, no existe en los juzgados de Madrid ningún procedimiento de internamiento abierto a nombre de mi esposa

II)

1. Cuatro semanas es tiempo más que suficiente para ratificar un ingreso (la ley da 72 horas).

2. En ese tiempo de limbo jurídico de mi esposa, Eurocaja Rural, donde tenemos todos nuestros ahorros en una cuenta de la que mi esposa es ‘Titular’ y yo ‘Autorizado’, bloqueó todo reintegro de dicha cuenta sin dar explicaciones.

III)

1. Perplejo ante tal medida, acudí a la Notaría de Hernández Santonja y Fernández-Oliva -que está a diez metros de nuestro domicilio, y a otros tantos de la oficina de la Eurocaja de la que hablamos- a pedir una salida del notario para dar fe del bloqueo referido.
Se me dijo que la ley no lo permitía, y se me aconsejó ponerlo en conocimiento de la Policía e ir a sacar dinero acompañado por alguno de sus agentes.

2. Años atrás me había servido yo de este mismo procedimiento notarial al descubrir una grieta de grandes proporciones en el forjado del suelo del apartamento que mi esposa y yo tenemos en la calle Recodo del Pinar. Acudí entonces al mismo profesional que ahora, a la sazón recién aterrizado en Toledo (en Travesía de Bachilleres, que dista trescientos metros de Recodo del Pinar) el cual me acompañó a la vivienda y certificó la foto que allí tomamos. Aquella acta resultó providencial, porque daba fe de la verdadera causa del duro acoso vecinal por el que, pasado el tiempo, se nos condenaría a una medida de alejamiento de nuestro domicilio familiar y del apartamento, de cinco años, que, acoso vigente por medio, ahorcó toda posibilidad de mantener esas propiedades, forzándonos finalmente a venderlas.
Al presente, no es raro que yo, sorprendido y superado por las circunstancias, viera como un recurso adecuado levantar acta del inexplicable bloqueo del dinero familiar; pero sí lo es que todo un notario, que (en palabras suyas) me tiene estima, y me dispensa un trato de favor, ante la situación de vulnerabilidad en que acudí a él, respondiera desinformándome (pues la ley no dice que no se pueda levantar acta de determinado suceso que constituye un incumplimiento de contrato comercial), y, sobre todo, induciéndome a tomar una medida que sólo serviría para hacer aún más precario mi difícil equilibrio, personal y familiar (por mi experiencia de estos años, a la policía se le da especialmente bien volverte loco). Me da por pensar que este feo tiene que ver con que, negándose la Junta Directiva vecinal a ver la grieta, acudí a Urbanismo para que hagan una inspección, y ya tengo fecha para la misma.

3. Este verano se presentaba para mi esposa y para mí como el idóneo para, una vez vendido el piso (y con posibilidad de vender también el apartamento), comprar el chalé que llevamos más de dos años buscando. De modo que, ingresada ella, asumí yo esa tarea y di pasos para comprar cierto inmueble. Trabé contacto con la inmobiliaria que lo gestionaba; crucé varios correos con ella; y, de repente, el hilo de conversaciones que manteníamos se cortó, inexplicablemente (y me consta que hoy, a las dos semanas del corte, el chalé sigue a la venta).

4. El mismo día que me llamó la médico del HUT para decirme que ya había enviado el Informe, en una llamada anterior a ésa yo le había reprochado que dos años atrás -cuando había estado tratando a mi mujer por el duelo de su hermano-, habiéndole yo detallado, como nunca antes lo había hecho con nadie, en hora y media de conversación, la peculiar sintomatología persistente de la paciente a lo largo de los catorce años precedentes, no sólo no apreció en mi relato valor etiológico alguno, sino que lo sesgó en su informe para hacer parecer inexistente, o, peor aún, perjudicial, mi rol de cuidador de esposa.

5. Mi queja debió de producir su efecto, poniendo su parte en el curso que tomarían luego los acontecimientos en torno al ingreso urgente de mi esposa. La precipitación en su traslado, con incumplimiento legal, merece ser observada también desde este ángulo.

6. Fracasado ese intento mío de hace dos años de hacer examinar la patología de mi esposa a la luz de un patrón de síntomas recurrente en los últimos quince años, y viendo que, por sexta vez, la madre y esposa nos era arrebatada del núcleo familiar, dejándolo maltrecho y maniatado; y viendo también que el proceso socio-sanitario despreciaba su salud, eligiendo para ella el peor centro de los diez en que había estado, condenando a la familia a un nuevo calvario, juzgué conveniente divulgar estos hechos en mi blog -‘aquipaz.com’- y mostrar en él la hipótesis que, después de todos estos años de tratamientos fallidos y de sufrimientos familiares, subsiste como la explicación más consistente de la desgracia que nos está afligiendo a través del mal de mi esposa: que el espíritu de los tiempos, enemigo de la familia fundada en el matrimonio natural, actúa en la psique de ella alterando su juicio, y moviéndola a maniobrar para que las miradas de nuestro entorno vean -sin ver- y sentencien que el problema viene de una desavenencia conyugal vulgar y corriente, pero sin resolver. (Para abundar en el tema, v. ST: Ángeles; del Aquinate)

7. Encaja esto a la perfección con algunas habladurías que ya me han llegado, de las que circulan por ahí, que propagan esta ‘sencilla’ explicación de los hechos.

IV)

1. Todo lo anterior cobra fuerza de realidad a la luz de ciertos sucesos que dejan al descubierto la mala fe del equipo médico asignado a mi esposa.

2. Inquieto por lo inadecuado del centro; desde que supe que estaba allí comencé a hacer gestiones para conseguir su traslado al de los Hnos. de San Juan de Dios. Su primera mañana en el Sanatorio HH Esquerdo la pasé yo en conversación con agentes de la compañía, explicando una y otra vez el caso, y proponiendo una y otra vez la fácil solución de un traslado, éste, incluso, y si fuera necesario, con la estancia y el desplazamiento a costa nuestra. Pero mis palabras rebotaban en un muro, agotándome; y como tenía que seguir manteniendo a flote la barquilla familiar, durante un tiempo lo dejé estar, esperando el momento de poder hablar con mi esposa y proseguir con el intento.
Pero tan sólo lograría hablar con ella a los veintiocho días de ingresada; y eso, gracias a ciertos costosos movimientos míos que sacaron a la luz la mala intención que este ingreso encierra.
En un artículo titulado ‘Doctor Izquierdo, Doctor Siniestro’ relato en detalle y en orden cronológico lo sucedido, un flujo de acontecimientos adversos, que desde el primer momento aparecieron con el sello de la amenaza. Por ejemplo, ese primer sábado de noventa minutos al teléfono con Adeslas para promover un traslado a San Juan de Dios, tan frustrante y desgastante, ya reveló la envolvente de acoso y derribo en que este ingreso había sido planeado. Pero, para dejarlo aún más claro, tres días más tarde, la empleada de la compañía en Toledo, me llamó instándome a presentar el Informe que la médico de planta del HUT me había dicho días atrás que ya había sido entregado y recibido; y no sólo me lo pidió, sino que me apremió a dárselo, endureciendo el tono en una nueva llamada al día siguiente, bajo amenaza de hacerme pagar la estancia en el HUT, la cual, según ella, seguía vigente desde el día 11.

Nótese, esquina superior derecha, que el escrito está fechado el día 17, con lo que, no teniendo yo ninguna constancia formal del paradero de mi esposa, si la compañía hubiera querido, y en comandita con sus asociados del HUT, podrían haberme hecho deudor de un dineral, lo cual, con el bloqueo de los ahorros familiares que nos ató a los pocos días, habría bastado para meterme en un lío capaz de anularme.

3. Estos entresijos que estoy narrando son posibles por la adulteración del corpus jurídico que nos rige, una legislación bastarda, diseñada para atar a la población. Así, en el caso de que me hubiera puesto yo a pedir el tal Informe de salud de mi esposa, me podría haber encontrado con que la LPD me impide obtenerlo, y no tendría modo de vencer esa barrera. Por eso, el descubrimiento que hice ayer de la desaparición del móvil de mi esposa, que desde que fue ingresada había permanecido siempre en su mesita, revela abiertamente la intención cainita que subyace en este nuevo episodio de ‘mala salud’ de mi esposa: porque con ese móvil tuve acceso a pedir -con la app Cl@ve, una especie de firma electrónica- el Informe exigido, pero como si hubiese sido ella misma la que lo pidiera. A partir de ahora, estaré unido a ella por sagrado vínculo, pero imposibilitado, por oscuros agentes al amparo de una legislación inicua, para cumplir con mis obligaciones de estado. A modo de anécdota les cuento que, mientras casi toda España veía la tele -un mundial sin duda amañado para camelarnos- yo fui a la Comisaría a denunciar el robo, aprovechando ese punto débil de muchos policías de servicio para evitarme problemas.
Se puso a decir la delegada de Adeslas en la cita que me dio: “El caso es que usted sabe dónde está, se lo dijeron, y estuvo allí…”; pero la corté: “Por favor, las palabras las lleva el viento, no se haga la inocente”; y aún estoy esperando el documento donde conste el destino de mi esposa que le solicité. La persecución moderna opera abusando de la buena fe de la gente, espiándola mediante las redes de mensajería, y poniéndole trampas y ‘ataduras’ muy difíciles de romper; es una violencia refinada y muy destructiva.

4. Roto el cerco administrativo que me habían tendido, me puse con lo del dinero, otra barrera importante. Un alto ejecutivo, en la sede central del banco, se negó a darme explicación del bloqueo (?), y la razón para su silencio resultó ser dejarme en la confusión para agitar mi ánimo, de modo que, nublados mi mente y mi corazón, diera algún paso en falso. Aquí se muestra la importancia y el poder de las virtudes. Porque no me dejé llevar del resentimiento, y, pacientemente, también vencí esta traba. Acudí a la vía pacífica, al consejo de personas que observan la ley de la caridad. Y el amor vence, y suelta los cerrojos. El amor de la mano de la verdad es un ‘crack’, y se pilla antes al mentiroso que al cojo.
‘Déjame que lo hable’, me dijo uno; y ‘esto es muy raro, a no ser que un juez lo hubiera dictaminado en función de lo que dijera de ti tu esposa, aunque en su estado… mira, haz esto…”, me dijo otro.

5. Indagué si existía en los juzgados de Madrid el tal procedimiento de Ingreso Involuntario , y no, no existía. «Entonces, si en Toledo no puede haberlo, porque sólo estuvo veintiocho horas, y en Madrid, después de cuatro semanas, tampoco lo hay, mi mujer, a todos los efectos, está secuestrada». Faltaban dos días para que se cumpliera el mes de hospitalización cuando se descorrió este velo.
Unos días antes de este hallazgo, el azar me llevó a girar otra visita al sanatorio (fui varias veces a llevar ropa y demás). Llevaba también esta vez algunas cosas, pero al decirlo en recepción me dijeron que aguardara un momento porque el médico quería hablar conmigo. Bajó al punto una doctora, la cual, azorada, me dijo que si quería obtener un traslado a la clínica de los Hnos. de San Juan de Dios tenía que enterarme antes de si tenían ‘cupo’; de modo que, alentado por esta posibilidad, cogí el coche y puse en el GPS “López de Hoyos”. Cuando llevaba dos o tres kilómetros llamé a la clínica y me instaron a pedir en el Esquerdo un informe de la paciente, como primer paso. Giré entonces 180º y volví al HH Esquerdo. De camino llamé a la central de Adeslas para informar del posible cambio y que estuvieran ya preparados; y, de pronto, me vi metido en un bucle horrible: “Está usted llamando… de que puede ser grabado… para cambiar, rectificar… si desea oír de nuevo… Marque en el teclado de su teléfono… diga o tecleé los ocho dígitos del DNI de la persona… Si su consulta es para… marque o diga… Para otras consultas, espere… «Holaa… sí, llamaba porque mi esposa… bla, bla, bla…»; “Lo siento señor, está usted al habla con Adeslas Internacional… pero espere, no se retire; le trasfiero…». Otros cinco minutos de matraca y jugándome el tipo en carretera al pulsar números minúsculos… (‘no está bien, ya lo sé, pero tengo que hacerlo, esto no puede seguir así…’) …para otras consultas, espere… “-Síí… hola, buenos días, mire, yo llamaba porque mi esposa… bla, bla, bla… (otra vez a contar lo mismo)… Y otra vez: “Perdone, señor, pero su consulta es para el seguro de salud, y está usted hablando con Seguros de Vehículos… (!) «…peroo, yoo…» «No se preocupe, espere, no se retire, le transfiero…” «…Se ha puesto usted en contacto con Segur Caixa Adeslas, Seguros y Reaseguros… le advertimos (y la voz sonaba verdaderamente intimidatoria) que, por motivos de seguridad, esta conversación puede ser grabada… pulse en su teclado.. Y, por fin (eso pensaba yo, ingenuo de mí) «-Holaa… bueeno… verá, yo llamaba porque… (suelto el rollo, pero antes de que acabe, la voz de mujer me interrumpe)… «Perdón, señor, pero lo que me está contando no es del ámbito de los seguros de automóvil, usted tiene que ponerse en contacto con Pólizas Sanitarias (“¡GGRRR…!”)… Un momento, espere, no se retire, le transfiero… (!!!)
A la cuarta vuelta de tuerca de Adeslas Fideles estaba yo ya en la recepción del Esquerdo, con la oreja ardiendo, y resoplando (40º en el exterior y más aún ‘en el interior’); y en ese momento se abrió una puerta por la que salió un señor con bata blanca… “-Disculpe, le dije, ¿no será usted por casualidad el Dr. González?» (me habían dicho que el responsable de mi esposa estaba de vacaciones, y que su sustituto -el tal González- no se hallaba en la casa, pero yo, que ya estaba ‘como loco’ acariciando la posibilidad de sacar a mi esposa de allí, tendí aquel anzuelo con la esperanza de que el pez lo mordiera y me facilitara el informe que me habían pedido). – “No, no, yo soy el Dr. García, el Director Médico del Centro, pero, dígame, qué necesita, a ver si le puedo ayudar”. En ese momento aún seguía yo pegado al teléfono, molesto y turbado. «-Es desesperante, ¿verdad?«; empatizó el Dr. García. No le dije hasta qué punto lo era porque me interesaba ir al grano. El machaque mental vía grabaciones es demoledor, una práctica de tortura que esta sociedad, crecientemente violenta, asume como inevitable. En mi caso, formaba parte de un plan en el que la acumulación de tropiezos y dificultades irían socavando mi estabilidad, a fin de hacerme perder pie en alguna de las innumerables trampas que me tendían. Ahora bien, es algo indescriptible el modo como Dios me protege, ¡de cuántos peligros me ha sacado ya! Y, al presente, mi Guardián, que no duerme, estaba a punto de volver a salvarme de otro bien grande.
Le cuento el asunto al Dr. García, y se va a buscar a la médico que me había hablado antes. Vuelve enseguida, y me dice que esta doctora ya me había dejado claro que mi esposa no quería ser trasladada (!!!…abrí la boca como un buzón), y que lo mejor era que al día siguiente hablara con el sustituto, a lo cual, yo, sin saber qué decir, me apresuré a responder: ‘Sí, sí, claro, será lo mejor, doctor’. Y me fui de allí pensando ‘Esto hay que pensarlo…’ Una vez dentro del coche, y a punto de pisar el acelerador, tuve una idea. Paré el motor y volví sobre mis pasos; pedí un folio, y en la salita de espera, encorvado, redacté con claridad los hechos más relevantes de lo sucedido hasta ese preciso momento, en que tan flagrante mentira me había dejado perplejo; y lo dejé en portería para el sustituto. Al día siguiente, a media mañana, me llamó éste, entre nervioso y agresivo, tratando de esquivar el golpe y de seguir adelante con su plan.

6. Esa noche me ilustré acerca del carácter penal de los acontecimientos. Supe que el Art. 763 de la Ley de Enjuiciamiento Civil protege, en principio, a los discapacitados y enfermos mentales frente a privaciones abusivas de libertad. Digo en principio, porque una semana después, previo consejo de un experto jurista, me puse al habla con los juzgados de Madrid, y me enteré de que hay muchísimos ingresos al margen de la ley -y entre ellos, el de mi esposa. En esta cultura de la muerte, muchos miembros ‘pasivos’ de la sociedad son ‘amortizados’ en lóbregas instituciones opacas, a donde llegan por esas pasarelas que abre la laxitud moral reinante.
El mentiroso es por definición una persona violenta. Y el médico sustituto me mintió varias veces en su breve llamada. Me preguntó si yo había ido a visitar a mi esposa alguna vez, cuando ella llevaba tres semanas allí, y a sabiendas de que yo le había dejado en recepción una carta en mano y sin franquear. En la misma línea, de intentar hacer como que no había pasado nada, que la médico no me había dado un mensaje falso para ponerme en la tesitura de un loco que va por ahí molestando a la gente, con pretensiones sobre su esposa que ella rechaza, me preguntó si yo había hablado con algún médico (¡qué poca vergüenza!). Y, para rematar, puso énfasis en transmitirme que mi esposa se negaba, rotundamente (sic), a ser trasladada… Hubiera sido como para decirle: “Pues dígaselo usted a su compañera de equipo”, pero aguanté la ofensa, confiando en tener mi oportunidad de revancha.

7. Hacía una semana que yo había hablado por teléfono con el médico de mi esposa, para que me dijera si podía ya visitarla; y se había pronunciado con la misma parquedad que las dos veces anteriores: -“No, ella dice que no quiere verle; no le haría bien hablar con usted. Vuelva a llamar en una semana”. Su sustituto era más locuaz, pero también más descuidado, como acabamos de ver. El caso es que, a día de hoy, no he podido conocer personalmente a ninguno de los dos, cuando se cumple justo un mes del ingreso de mi esposa. Nunca han mostrado ningún interés en hablar conmigo, en la decena de veces que he estado allí. La médico que me habló se presentó como una figura semejante a la de médico de familia, pero de planta de hospital. No sé cuál será su especialidad, y me habló acerca de mi mujer por lo que había oído en las reuniones semanales del equipo. Siendo esto así, y considerando lo nerviosa que estaba, hay que suponer que las instrucciones que me dio eran una encomienda… Y, descartado el director médico, por ser muy afable su trato, y porque la confesión que ante él hizo la médico significaba que la treta se había urdido a sus espaldas, queda como la opción más probable que el mandado hubiera procedido del responsable médico directo de mi esposa.
Con ella, precisamente, al momento de escribir esto, acabo de hablar, y arrastraba las palabras como quien está bajo los efectos de una fuerte medicación neuroléptica. No tengo acceso a ningún documento médico, ni a informes de seguimiento, no recibo información alguna de su tratamiento ni de la respuesta al mismo; si quisiera saber a ciencia cierta algo de la clínica de mi esposa estaría abocado a litigar; y obligado, además, a pensar, que esta anormalidad es por su bien. La moderna psiquiatría es, más que ninguna otra especialidad médica, un brazo armado del poder para dividir y someter a la sociedad, aunque de momento se vea condenada a moverse en el terreno viscoso de tener que dialogar con un modo de pensar -en franco retroceso- que se fraguó desde el respeto a la verdad, y al afecto como expresión suya. Y lo que le está ocurriendo a mi familia es un ejemplo de la guerra que ‘los modernos’ han desatado para salir de ese terreno fangoso y plantar la bandera de la mentira en el lugar elevado donde aún flamea la de la verdad.
Ciertamente, estamos librando la Batalla de la Verdad (y de la Vida). Y el campo de esa contienda son los matrimonios, comunidades de vida y amor, que se realizan en la donación desinteresada de los esposos, en la cual se hacen fecundos y eficaces constructores de la civilización del amor.


V)
1. La compañía de seguros, contactada por mí a las pocas horas de llevarse a mi esposa al Sanatorio Esquerdo sin consultármelo, tras noventa minutos de conversación en que, una y otra vez, les expuse la aversión de la paciente al Esquerdo como motivo médico para un traslado inter-hospitalario, se negó tajantemente a facilitarlo; y no sólo eso, sino que zancadilleó mis intentos de promoverlo a cuenta de mi bolsillo.
El Dr. Sáez, a quien pusieron como responsable del tratamiento de mi esposa, no pidió verme en ningún momento de las cuatro semanas en que mi esposa permaneció bajo su autoridad sin conocimiento de la del Estado (anormalidad ésta que me fue confesada por él mismo). No mostró tampoco ningún interés en obtener datos sobre la paciente en las varias ocasiones en que hablamos por teléfono; y en éstas no me dio ningún dato concreto del diagnóstico ni del tratamiento que le puso.
El contenido de nuestras breves charlas no fue ése, que hubiera sido lo normal; en lugar de eso, en la primera de ellas me dijo que la paciente manifestaba una fuerte aversión hacia mí, y que él desconocía los motivos (dando por hecho que los había, o sea, excluyendo la posibilidad de considerar esa manifestación conductual como un síntoma del mal de mi esposa). Y quiso dejar eso asentado, repitiéndolo; pero no me invitó a hablar del tema.
La segunda vez, a los diez días de tratarla, el médico avanzó un paso más en el mismo sentido: “¿Sabe usted?, me dijo, hablé con su esposa y se niega a verle; así que de momento es mejor que no venga. Está muy enojada con usted y ha expresado el deseo de separarse. Yo ya le aviso.” Esta segunda comunicación va en la misma línea que perfiló al comienzo: una parcelación de la psique de su paciente, en la que estas expresiones vehementes no son picos emocionales que pueden formar parte de su trastorno; este médico no contempla que, con el tratamiento, además del equilibrio físico -del sueño y de la alimentación- pueda recuperar mi esposa el equilibrio psico-afectivo, y su relación conmigo vuelva a ser buena.
A la semana siguiente fui personalmente al Centro, y me dijeron que el Dr. Sáez estaba de vacaciones, y que, según el Director Médico, era posible que se reincorporara ese viernes, o al lunes de la otra semana. En esta visita, la Dra. Yupa y el Dr. González quedaron confesos de estar intrigando contra mí, cuando me mandaron a hacer gestiones para un traslado sabiendo que la paciente se negaba a él rotundamente (expresión literal usada por el Dr. González). La violencia telefónica de Adeslas (un cuarto de hora de bucle), ese mismo día, confirmaba la existencia de un plan para debilitar mi ánimo y mi mente.
Yo ya estaba ‘avisado’ -como me había recomendado el Dr. Sáez- y mis gestiones terminaron mostrándome que la situación legal de mi esposa era irregular; que estaba privada de libertad sin dictamen de un juez, incomunicada y aislada de mí; y sometida al poder de personas -médicos incluidos- que buscaban hacer daño a nuestra familia.
Al día siguiente de tener yo conocimiento de estos hechos, llamé para preguntar si podía ver a mi esposa, y me pasaron con el médico. Me dijo que sí, que sin ningún problema –eran las 11:23 del día 9 de julio de 2026. Acto seguido, el Dr. Sáez, aunque dubitativo, añadió: “Nos han llamado de los Juzgados de Madrid… parece ser que usted ha estado haciendo averiguaciones… pero la comunicación al Juez la hicieron en Toledo, no la hicimos nosotros… Usted… «; iba a preguntarme algo pero le interrumpí, diciéndole que de ese asunto querría hablar personalmente con él. Entonces me dijo que «estaba saliendo de vacaciones» (¡otra vez!) y que tendría que dirigirme al sustituto si quería hablar del tema.
¿Qué clase de médico es éste, que no sabe que una paciente que viene de otra Comunidad Autónoma con un Ingreso Involuntario debe pasar un reconocimiento forense y judicial en el Centro de acogida?
Al día siguiente, viernes, llamé al centro y, curiosamente, el Dr. Sáez no había salido huyendo como había dicho (habría sido una confesión de culpa muy elocuente) y volví a hablar con él; le pregunté cuándo podría tener lugar el alta médica de mi esposa, y entonces me comunicó que habían venido a valorarla de los juzgados; y que no iba a darle el alta en, al menos, una semana más. (Puede leerse en estos hechos que los extorsionadores reconstruyen su plan).
Pero se da el caso de que ahora ya puedo telefonear y visitar a mi esposa, y ya lo hice de hecho varias veces en los últimos tres días. Y entre una y otra de estas visitas, tuve ocasión de enterarme de que mi esposa tiene borrado de su mente al Dr. Sáez y ha puesto en su lugar al Dr. Javier González. Un trauma responde de esta suplantación; un abuso.
En el papel de una paciente que en pleno estado de agitación psico-motriz, en contra de su voluntad, es llevada a la planta de siquiatría del hospital de su ciudad -conocida, nueva y cómoda-, mi esposa, recién acomodada en su habitación, al despertar de la primera noche es arrebatada de ese entorno cálido, y transportada al que en su mente figura como el ‘Centro de los Horrores‘: oscuro, feo, disfuncional y viejo. Allí es encerrada en una unidad de vigilancia intensiva; y se le presenta un médico –acaso bajo de estatura, metido en sí y de mirada esquiva- y le dice que va a cuidar de ella. Pasados unos días difíciles, mi esposa, en su desorientación y desvalimiento, ante la desproporción de fuerzas entre su médico y ella, va accediendo a dialogar con él, y a ver por sus ojos… y tropieza. Ahora, ella se muestra como siempre, dispuesta a confesar estas cosas ante la Autoridad. Yo, por mi parte, pienso estar a su lado para aportarle mi cariño sincero, y para cuidarla con la luz y las fuerzas que Dios me dé.

* Tú Eres Mi Amado: la Vida Espiritual en un Mundo Secular, es el título de un libro escrito por el sacerdote y teólogo holandés Henry J.M. Nowen, publicado en inglés en 1992. Es un intento de renovar el modo de hablar de espiritualidad, acercándola al hombre de hoy. (En la foto, la primera portada de la edición española).

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