EL ASTRO SÁNCHEZ

Jesucristo se manifestó a un pueblo muy religioso, que le rechazó a pesar de que decían creer en su Padre. San Pedro, en Pentecostés, lleno del Espíritu Santo, tomó la palabra y, hablando a sus hermanos judíos desde el corazón y al corazón, logró convencerles de la verdad de lo ocurrido, que, después de matar ellos a Jesucristo, el Padre le resucitó. Entonces, con el corazón traspasado por la culpa, dijeron a los apóstoles: «Hermanos, ¿qué tenemos que hacer?»

Leyendo la encíclica he visto que es trasunto de esa misma religión antigua, que no creía en Jesucristo. Y que, quienes la suscriben, vuelven a clavarle en la cruz hasta morir.

Magnifica Humanitas empieza reconociendo que existe un peligro en el desarrollo actual de la tecnología, pero advierte de que la cuestión no es un si o no a estos avances sino una elección entre construir Babel o reconstruir la «ciudad con Dios». En el punto diez encontramos una sinopsis ideológica del texto papal. Copio unas líneas:
«…transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad. Y, en esta obra compartida, los cristianos encuentran su propia forma de construir: orientar la acción hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último. En el Apocalipsis, Juan ve la nueva Jerusalén «que descendía del cielo y venía de Dios» como un regalo para toda la humanidad. Y esta visión de gracia es para nosotros, los cristianos, una llamada a trabajar juntos, cultivando una vida común pacífica, justa y digna en las «ciudades» de hoy.» (fin de la cita)
La cita del apocalipsis es ‘epidérmica’ y forzada; su contenido propio es escatológico; y del que toca al tiempo presente mesiánico (nueva en el sentido de la novedad que inauguró Jesucristo) ni se habla. Como tampoco se recoge su referencia al Espíritu Santo, que aparece en el versículo seis en la mención del agua viva gratuita; y su obra en el mundo es sustituida claramente por aquellas cosas que podemos hacer nosotros mismos. En esto se ve que estamos ante una ideología, que no puede salvar, pero la contraposición se ve aún más claramente en los dos versículos joánicos que siguen a los ya aludidos; el seis: «Ésta será la herencia del vencedor: yo seré Dios para él y él será hijo para mí (Cristo extiende esta condición a todos los que creen en Él)». Y el siete: «Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre: que es la muerte segunda (la eterna).»
Decir ‘orientar la acción hacia Dios’ es vaciar de contenido nuestra religión, o sea, allanar el terreno a la impostura. Y hablar de espacio de diálogo donde los cristianos somos una parte más es encubrir que en este dramático dilema que enfrentamos tenemos como interlocutor a quienes niegan cualquier diálogo, llevan años intentando romper con la tradición y clausurarla, y usan la violencia de un modo cruel y refinado para imponer su proyecto. A este respecto, es esclarecedor el análisis de Benedicto XIV: «hoy en Europa tenemos dos almas: una de ellas es una razón abstracta, anti-histórica, que pretende dominar todo porque se siente por encima de todas las culturas«

Un poco más adelante, en el punto catorce, vemos otro rasgo transversal de la encíclica, la ligereza argumental, que raya con la mofa. Dice: «Edificar en el bien requiere un lenguaje evangélico», resultando que el tal lenguaje prescinde de Jesucristo, y lo evangélico consiste en ¡todo lo bueno que podemos hacer nosotros sin Él!: Planificación, evaluación, inclusión, alfabetización digital… ¿Puede haber un lenguaje más rancio que éste? Que nos lo digan a los docentes…

En estos pocos párrafos iniciales se adivina el tono general de la carta. Y, desgraciadamente, es un tono ‘sucio’, entreverado, y confuso; muy acorde, por cierto, al que nos tienen acostumbrados los medios en estos últimos años; intenta disuadir más que informar:


Pantallazo de la portada de LV de hoy a las 21:00 h: un puzle sin gracia, una burla.

Como se decía en los 70: La revolución empieza por tomar conciencia. Todo empuja en una dirección nada halagüeña, pero el examen final de nuestras vidas será personal, cada cual con su conciencia. Los vecinos de Jerusalén quedaron tocados por la Palabra de fuerza del primer papa, y preguntaron qué tenían que hacer. San Pedro dijo: Convertíos para que se os perdonen los pecados y bautizaos en el nombre de Jesucristo para que recibáis el Espíritu Santo.
Es necesario también hoy hablar con palabras como espadas en medio de las plazas, para tocar los corazones, y que se interesen por el camino correcto. Porque son muchos los que tratan de extraviar a las gentes. El consejo evangélico de Pedro es para siempre: Conversión y vida en el Espíritu. Pero, como también se necesitan consejos concretos, prácticos, aquí van algunos:

El Espíritu Santo nos asegura caminar en la verdad, y vencer al mal; esta es la razón por la que, frente a la provocación, la alarma, y la confusión que nos envuelven, sea de vida o muerte no ceder al desánimo, al miedo o al resentimiento. Permanecer firmes en la fe, anclados en la Roca que es Cristo; «Para que no seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error, antes bien, siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo, de quien todo el Cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de toda clase de junturas que llevan la nutrición…» (Ef 4, 14ss) Y lo que sigue: «que no viváis ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente, sumergido su pensamiento en las tinieblas y excluidos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su cabeza… habiendo perdido el sentido moral… »

Esto lo vemos reflejado mucho en nuestros dirigentes (que son reflejo del pueblo); cómo viven entre miserias sin que se avergüencen. Y si esto hacen ellos, ¡qué no van a inducir al pueblo a hacer!

Sánchez, por ejemplo, que llegó al poder diciendo que había que acabar con la corrupción, tiene tan embotado el corazón y la mente, que se atreve hasta con el vicario de Cristo en la tierra. Pero si se perpetúa en el poder es porque pertenece a una corriente política que ensalza al hombre, conculcando los derechos de Dios; y así, siendo fiel vasallo de sus amos déspotas, no teme a la crítica cuando, acosado por los escándalos, se aferra al cargo.
No tiene en sí ningún mérito, simplemente está subido al (efímero) carro ganador; pero no le arriendo el futuro, y si no se convierte, pasará la vida en el lago de fuego y azufre.
Un padre que ejerce despóticamente su noble función, suele ser denigrado con el apelativo de «padrastro»; y un político -como Sánchez- que hace eso mismo con el pueblo que le ha sido confiado, bien merece el calificativo de politicastro. Sánchez no tiene más astro, más estrella que ésta; y, en todo caso, pronto se apagará. Después no quedará más recuerdo de él que su des-astro-sa gestión.

¡Buen domingo, hermanos!

Deja un comentario