UN GRANO DE SÓLO MAIZ, GRATIS

En 2022 me puse a morir, pero tuve certeza del engaño del covid y no fui al médico; en 2024 lo mismo, aunque con síntomas de neumonía, y también resistí; y ahora, en el 2026, parecieron licuárseme las tripas… ¡Lo que yo hubiera dado por una ayuda médica adecuada en esas ocasiones! Pero no me cabe duda de que a los viejos los matan, y a mí con más razón. En mi rostro veis un sufrimiento real, no fingido. Pero, gracias a Dios, ya pasó.

Un imperio, grande y terrible, preside Jesucristo, con María, los ángeles, y los santos. ¡A Él sea la gloria, por los siglos de los siglos! Amén.
Llevo dos horas intentando conectarme a internet para poder escribiros. Nunca con tanta virulencia he sentido la asechanza digital, capaz de dar muerte cívica a cualquiera, precursora de la física y moral. Tenemos tres redes disponibles en casa: ninguna de ellas funciona. Es una declaración de guerra abierta. Y he hecho capturas para que vuestros ojos ‘vean’ esta realidad, cruda y dura. (En cuanto se descuide el tío Sam las cuelgo).
Ya conocéis el cuento del gallo Kiriko, que fue invitado a la boda de su tío Perico. Antes del alba ya estaba en camino, con su mejor traje. Pero al mediodía sintió hambre y cayó en la cuenta de que, con las prisas, no había cogido merienda. Iba ensimismado con su preocupación, cuando, de pronto, vio ante sí un gordo grano de maíz. El problema era que estaba sobre la tarta humeante del excremento de una vaca. ¿Lo cojo o no lo cojo?, se debatía Kiriko en su interior…
Al cogerlo se manchó el pico; y ¿ahora qué?, se dijo. ¿Quién me va a limpiar? Y en esas vio en la vereda una amapola; y a ella se fue: “Por favor, linda amapola, ¿puedes limpiarme el pico para ir a la boda de mi tío Perico?» Pero, ¡ay!, la bella flor ni por pienso quería manchar su lindo vestido.
Y triste siguió Kiriko su camino hasta que oyó un balido… “Oveja, ovejita… ¿quieres comerte a la flor que no quiso limpiarme el pico para ir a la boda de mi tío Perico?” Pero la pacífica res no quiso.
Cabizbajo se alejó Kiriko, hasta encontrarse con un lobo: “Sr. Lobo, ¿quiere usted comerse a la oveja, que no quiso comerse a la flor, que no quiso…?” Y tampoco.
Vio más allá un palo en el suelo, y también le requirió: “… pegarle al lobo, que no quiso… a la oveja, que no quiso… a la flor, que no quiso…? Tieso se puso el palo para decir que no. Y Kiriko triste siguió.
A lo lejos, una luz brilló… ¡Fuego, fuego… por favor, quiere usted consumir al palo, que no quiso…! Una ardiente llamarada chamuscó la punta de las alas de Kiriko, que huyó espantado.
Y entre lágrimas avanzó, desesperado, el gallo, confundiendo por un momento el murmullo de las aguas del arroyo con el río que bañaba sus mejillas… Se frotó los ojos y vio claramente el generoso manar de una fuente… “Cándido manantial, ¿seríais vos tan gentil de socorrer a este vuestro admirador, que quiere sofocar al fuego que no quiso quemar al palo que no quiso pegarle al lobo que no quiso comerse a la oveja que no quiso tragarse a la flor que no quiso… para ir a la boda de mi tío Perico?
Y el tranquilo fluir, al oír tan lastimera súplica, sintió removerse sus acuosas entrañas y un súbito borbotón de compasión subió a la superficie de su cristalina cara: “Naturalmente, buen hombre…”
Al oír esto, el fuego, que acechaba, cedió su ímpetu… y dijo: “No, por favor, que yo iré y quemaré…” Pero acertó el palo a oír estas palabras y se apresuró a intervenir en la conversación: “No va a hacer falta, porque pienso ir y sacudir con mi rigor al malvado lobo…” Aún estaba hablando cuando se acercó, manso, el lobo, y se ofreció a prestar sus colmillos a la tarea común… ¡Uy, uy, uy… dando saltitos se hizo ver la discreta ovejita, muy dispuesta a tomarse una infusión de florecillas! Y la amapola que lo oyó… con un rojo manto envolvió el piquito deslucido de Kiriko, que así pudo estar presente y presentable en las bodas de su entrañable tío Perico. Y colorín, colorado, este cuento, se ha acabado… ¿o no?
La España actual se parece a la caca humeante que mareó a Kiriko, con un menguado plato de lentejas en medio de la cochambre. Apenas tenemos qué comer, y por cada triste bocado que nos llevamos a la boca, nos pringamos hasta las cejas de porquería. A eso se refería Franco cuando decía: “España irá por el camino que quieren ustedes (los estadounidenses), los ingleses y los franceses: democracia, drogas, pornografía… y ¡qué sé yo!” No podía imaginar él lo que tendríamos que tragar, aunque, como buen gallego, sabía que eran sapos y lagartijas. También supo señalar con precisión la línea roja de nuestra seguridad: la manipulación de las conciencias. (En su entrevista con Groussard, Franco dice: ‘En verdad que dentro de cada nación incumbe al pueblo elegir su régimen político e incluso su destino. ¡Que se haga la voluntad popular, pero cada uno en su casa!)
Asistimos hoy a un avasallamiento, no sólo de las casas, ¡sino de las conciencias! Un huracán se abate sobre aquél que se resiste a dar por bueno lo malo. Y si es el pueblo el que se remueve en su letargo, entonces se sueltan todos los vientos de la Caja de Pandora para atemorizarle.
En el día de hoy, ese ejército pavoroso de horcos que respiran violencia está saliendo de sus infernales cavernas, para arrasar todo resto de verdad y de pureza, para arrancar de la piel de toro hasta la última señal de casta. Han echado al viento y al mar sus naves de guerra, con las que quieren silenciar las voces que reclaman verdad y libertad, justicia y paz, amor y bien común.
Todo es artificio, que nadie se engañe. Después de diez años contándonos noticias inventadas no nos pueden engañar. España existe, subsiste; y piensa; y de esa precipitada y mal compuesta contingencia del pacifismo de Sánchez, y de su consecuencia, igual de aberrante, de un estado de empate electoral, no nos creemos nada de nada. Ni aunque lo dijeran las urnas… (que dicen lo que el amo quiere que digan, y ya nos lo anuncian previamente para que nadie se espante). Ya lo intentaron antes con los muertos ficticios por la dana, pero les salió mal la jugada; y lo vuelven a intentar ahora, a la desesperada, por medio del Trumpolín azafranado, enfundando el cadáver de Sánchez en un traje blanco, y alzándolo por enésima vez a la cabalgadura.
Lo cierto es que estamos deseando un cambio, aunque no el de Núñez, ni el de Santiago. Deseamos la restauración del principio de convivencia: “el cumplimiento de la palabra dada”, como decía ayer la Tercera de ABC; porque sin la referencia de la verdad no hay sociedad que valga… hay sólo un camino directo a la aniquilación. Y en esto estamos de acuerdo la mayoría de los españoles, incluyendo a los nacidos en el extranjero -a quienes la falta a la palabra dada destruye más.
Se cierne en torno la oscuridad, pero Dios está de nuestra parte y nos pone luces en las encrucijadas. Juan Luis Calleja nos advertía contra el odio social desatado, el caos promovido, y la ruina provocada; quienes incentivan esto son nuestros verdaderos enemigos (y no China o Estados Unidos). ¡Con qué clarividencia predijo Calleja la destrucción actual!
Al lado de Carrillo se sentó durante un tiempo La Pasionaria -icono feminista del Partido Comunista- pero cuando sucedió el golpe, ella ya se había retirado. Moriría unos pocos años después, conversa al catolicismo. Cuando le preguntaron a Carrillo de dónde había sacado fuerzas para no temer a las balas en el Congreso dijo lo siguiente: “Tuve claro que si triunfaba el golpe me iban a matar; así que preferí permanecer sentado”. ¿Realmente fue esa la razón? ¿Y si fue tan bizarro su comportamiento por qué los videos evitan mostrarlo? De su actuación se derivaron finalmente dos espejismos: uno, que España seguía amenazada por las fuerzas reaccionarias que la habían aplastado durante cuarenta años; y, dos, que la oposición a esas fuerzas violentas -Carrillo- era el auténtico ejemplo a seguir. ¿Y si la gallardía de Carrillo hubiera sido una pose para conseguir esas impresiones? Cuadraría todo mejor, porque la llamada “supremacía moral de la izquierda”, instrumentada por la prensa, y aún vigente, causó la mayor devastación de España que imaginarse pueda.
La bazofia de pseudo-noticias, en la que echan de cuando un cuando un hueso de verdad para que royamos, ha preparado ahora, con los vómitos de Trump y Sánchez, una papilla infame que nos obligarán a tomar bajo amenaza de quedarnos sin comer y a oscuras. Se trata de esa bola de la guerra y de la división a partes iguales de la opinión pública, y por tanto del electorado. O sea, se trata de evitar tomar en consideración el clamor popular por el restablecimiento del sentido común y de la veracidad. Porque de salir una mayoría contraria al actual gobierno, sólo se podría inferir el rechazo a su gestión destructiva; que es lo mismo que el rechazo a los planes deshumanizantes de la Agenda 2030.
El gran sufrimiento que este proyecto ya ha causado es sólo la punta del iceberg del que está por venir; porque su rasgo más definitorio es la abolición de todo freno moral. Concretamente, desde que acudí a la policía a denunciar abuso de menores (consiguiendo sólo aumentar mi aflicción), esta lacra, auténtica dinamita en los cimientos de la sociedad, no ha hecho más que crecer. He visto estremecido, sin poder hacer nada, a madres, abuelas o proxenetas llevando menores a tres establecimientos de esta ciudad, a saber, El Cofre de Houdini, La Puebla y Don Perico.
El hecho de que cada vez sea menos clandestino este mercado desolador se debe, sin duda, a la creciente ceguera operante entre la población, fomentada por quienes tienen la misión de ordenar la sociedad. Éstos ejecutan sistemáticamente un programa de alienación social, del que de una u otra forma todos podemos poner ejemplos. Como a las fieras, nos imponen privaciones, y a base de premios y castigos, nos manejan; después, por los medios, fomentan los vicios, asegurando su carácter inofensivo. Van sustituyendo la conciencia individual por una colectiva: esto está bien, esto no, facilitando con leyes la inhibición moral de las personas. El final es una ‘quimera’, una sociedad deforme, monstruosa; imposible de vivir… y de la que Dios nos rescatará. No obstante, por el camino hemos de sufrir mucho, tensiones enormes y quién sabe qué desórdenes.
Los sillares sociales están gravemente removidos: justicia, gobierno y órgano legislativo. Junto a ellos, los órganos de garantías (TC, Protección de Datos, Prensa, élites científicas e intelectuales, y Cuerpos de Seguridad) hacen aguas igualmente. Y, por último, el sistema de reserva, el encargado de integrar los órdenes materiales, mostrando en la ley natural las huellas de la divina, vacila, y se muestra también proclive a delegar su alto cometido en manos del legislador.
Pero todavía estamos a tiempo de enmendar esta deriva. Se trata de responder individualmente a la llamada que Dios nos hace a defender sus derechos sobre la bella creación que nos ha concedido administrar. Comenzar un itinerario de formación, siendo sinceros con uno mismo, y coherentes; buscarse apoyos en personas de confianza, con luz para aconsejar según Dios; y en diálogo con Éste, ir dando buenamente los pasitos que Él nos pida. Es el futuro lo que está en juego; la vida. De un lado, el amor, la alegría y la paz; del otro, la angustia, la violencia y la desolación.

Deja un comentario