


Esperábamos que la prensa se volcase en el giro electoral que se evidenció en Aragón, y empezase a dar voz al hartazgo ciudadano que clama por una vuelta al sentido común. Pero nada de eso, sino todo lo contrario. Han bastado tres días para borrar toda huella del grito ciudadano; y ya están otra vez los medios sembrando división, confusión y desánimo.
El estilo de los agitadores es inconfundible, y deja patente su vil propósito de arrasar el país para implantar en él el proyectado mundo nuevo sin Dios. Según esto resulta inconveniente que los que tan bien han ejecutado ese expolio tengan que abandonar el gobierno. Y en todo caso, si tuviera que ser así, conviene poner las bases para que los nuevos no duren mucho, o, al menos, no puedan revertir la política destructiva que ha venido haciendo este gobierno. Para eso se inventó VOX (lo siento por los voxantes bien intencionados), y para eso lo van a sacar a escena.
No queda más verdad en la política que esa triste situación. Los actores bailan para dar el pego a la ciudadanía y llevarla, sin que se dé cuenta, al chiquero; pero aún no estamos dentro, y es el momento de hablar.
Lo que está en juego vale más que la vida, todo lo que importa está amenazado. El proyecto ‘salvador’ que nubla la mente de tantos pasa por acabar con lo más propio del ser humano; a saber: su naturaleza social, su predisposición a establecer relaciones, su forma de ser feliz creando vínculos estables con los demás.
El ser transhumano es un ser aislado, volcado sobre sí mismo, desvinculado de los otros seres, con una vida vacía y estéril. Todos lo estamos viendo ya, aún cuando no dejan de vendernos un futuro mejor gracias a la tecnología, un mundo de posibilidades fascinantes e ilimitadas… ¡Qué más quisiéramos!
Cuando esta ola digital empezaba a mojarnos los pies, prototipos como Blade Runner asaltaron el imaginario colectivo: los replicantes, seres de laboratorio prácticamente iguales a nosotros, nos descargarían de nuestros más pesados trabajos. La antigua condena de ganarse el pan con el sudor de la frente iba a convertirse pronto en una fábula de viejas. Tan sólo veinte años más tarde, con Gladiator, o con la segunda entrega de Misión Imposible (una rareza entre las ocho de la saga) volvimos a la realidad de este mundo, renunciando al sueño de robots a nuestro servicio: La vuelta al esfuerzo (la crisis del 2008), y las conspiraciones (el covid del 2020), esos virus que te ponen la vida patas arriba y que atufan a fraude. En definitiva, ante la dificultad para producir humanoides, los genios del chip convencieron a los potentados para que por la vía política atrofiaran las facultades superiores del hombre (pensamiento, memoria y voluntad), lo arruinaran y lo esclavizaran. Y el plan está casi totalmente ejecutado.
No conviene en absoluto que cambie este gobierno, no vaya a ser que el pueblo reconstruya sus defensas. Prensa y política crean la ilusión de que sigue existiendo una pugna por el poder, que unos quieren una cosa y otros otra, y que según actúen así los va a votar la gente. En realidad, la dana, Cerdán o cualquier asunto de la prensa, son invenciones para mantener la apariencia de lucha política, y, en último término, para justificar los resultados electorales que convenga sacar de las urnas (lo cual se hace sin riesgo alguno merced al algoritmo predictivo -que en el 2023 manejó Indra- alimentado con las actas de voto emitidas a media jornada y con los datos espiados en móviles). Así mantuvieron al cadaver de Sánchez sobre el caballo, para que rematase la faena del expolio: expropiación de vivienda, desmembración del país, aislamiento de la infancia, captación de no cristianos, fomento del vicio y la holganza…
Todo esto es una forma sibilina de conseguir lo que en el pasado no se logró por la vía del derramamiento de sangre. La guerra civil fue un efecto de una política semejante a esta en cuanto a la ofensa directa a las bases de convivencia que emanan del respeto a la ley natural. El corpus jurídico que regía entonces procedía del derecho romano, la cultura griega y la novedad cristiana. Estorbaba, y se atacó ofendiendo a la gente que trabajaba honradamente para vivir, con la vieja estrategia de ‘primero, agita, y luego pesca’. Pero les salió mal. Aquel horror no lo causaron rebeldes al gobierno, no. Lo causaron quienes gustan de la oscuridad porque sus obras son malas. Claro que había desigualdad, miseria e injusticia en España, como la habrá siempre. Pero no fue ése el detonante de la contienda. Fue el odio, las negras sombras de las almas esclavas del pecado; la sinrazón azuzada por los enemigos de Dios.
Entonces, como ahora, lo que está en juego son los derechos de Dios sobre su creación. Matar niños, enfermos y ancianos, amputar miembros a los jóvenes, dejar morir en soledad a quienes pasaron la vida trabajando, separar a las familias, sembrar vicio, división y muerte, robar y fundir en orgías el patrimonio común, desolar países con catástrofes inventadas… todo eso es ofensa grave al que creó el mundo por amor. Ofensa que se traduce en violencia sobre los débiles, y que conduce a la destrucción de la convivencia, y, a partir de ella, al exterminio del hombre y de la creación misma.
Es el momento de hablar claro y actuar. Después, ya será tarde. Que Dios nos bendiga.
Deja un comentario