ESPAÑA 1

Cercano el umbral del año 2000, un cuarto de la riqueza española provenía de la industria, un 63 % del sector servicios (comercio, transporte, turismo, hostelería, finanzas, educación, sanidad, servicios públicos, comunicaciones, ocio, cultura y servicios profesionales), y un 4% de la agricultura.

Hoy estamos en 75% de servicios, 15% de industria, y 2% de agricultura. Y esto significa un aumento de dependencia y una vulnerabilidad estructural de nuestra economía; en una palabra: indefensión.

Semejante evolución ha venido asociada a la ‘modernización’ de España, que nos ha entregado en manos de los ricos. Como miembros de la familia europea nos hemos empobrecido. Hemos perdido patrimonio material, pero también moral. Una auténtica ruina.

Una de las pérdidas más graves ha sido la de la información. Los datos ya no están a nuestro alcance, y sólo podemos hablar de lo que nuestros sentidos inmediatos perciben. Ahora bien, llevando una vida recta, lo que vemos, oímos y palpamos nos da un conocimiento amplio y válido de la realidad. Por eso no hacemos política ficción cuando deducimos de nuestra experiencia que detrás de nuestra ruina nacional hay un plan.

Es obvio que los medios no buscan informar sino despistar; e igualmente claro es el retroceso de la formación, el bienestar, la seguridad, y el futuro económico. Y esta deriva imparable, que en un país sano provocarÍa movilizaciones, en España promueve subsidios, que es lo último que un gobernante prudente desearía. Ahora les toca a los treintañeros, pero antes fueron los parados, los no contribuyentes, los inmigrantes, los pensionistas, las mujeres, etc. etc. etc., por orden de los magnates, que están encantados de que aceptemos su ‘beneficencia’ destructiva en vez de exigir políticas de desarrollo social y familiar. Pero por si hubiera alguna duda sobre los motivos de estas ‘ayudas’, siniestros fraudes, como el de la dana, nos confirman que pende sobre nosotros un plan que pasa por arruinarnos.

Tras la Guerra Civil quedaron devastadas algunas zonas de España, y el gobierno puso en marcha un departamento para su reconstrucción. Pueblos enteros, como el de Villanueva de la Cañada, cerca de Brunete, fueron reconstruidos totalmente. Pero, a diferencia de entonces, la devastación actual no salta a la vista. Se conservan las fachadas -también las institucionales- aunque el interior está en ruinas. Y también a diferencia de entonces, hoy no se crea un ministerio para reconstruir, sino al contrario.

Transformación Digital, Vivienda, Infancia y Juventud, Memoria Democrática, son los últimos departamentos creados. El primero es para darles definitivamente el telemando a los potentados; el segundo tiene por fin acabar con el último bastión económico de la clase media, eliminando así cualquier resistencia al avance del plan de centralización del poder; el tercero, envuelto en el talismán ‘protección’, conduce a disminuir el control de los padres sobre los hijos, rompiendo el hilo conductor de la tradición que les daría seguridad, y convirtiéndolos en carne de cañón; y, por fin, el último es claramente censor y propagandista, difundiendo mentiras que debilitan la posición de la resistencia a la impostura.

En medio de este panorama, el seguir hablando de ideologías, de estrategias de izquierdas y derechas, de Sánchez o Núñez, es despistar. Hace bastantes años que los políticos han claudicado a la presión de los poderosos para colonizar nuestro país; y salta a la vista que, mediante el uso masivo de la vigilancia electrónica, pretenden implantar un régimen totalitario ‘ideal’. Estamos metidos de lleno en un nuevo intento de hacer una sociedad perfecta al margen de Dios.

«El nazismo consideraba la visión católica demasiado condescendiente con el hombre. La fe habría sido atractiva para quienes, incapaces de imponer su propia fuerza, habrían acabado ensalzando las virtudes de los débiles, empezando por la humildad y el amor. Pero el desenlace de la guerra mostró, por el contrario, la fragilidad intrínseca de la ideología nazi. Para la visión católica, en cambio, la fuerza no consiste en un dominio despótico sobre el cuerpo…» (VA, pg. xxv) sino en dejarse hacer por Dios, y practicar la virtud, ya que en el propio cuerpo se puede leer un lenguaje anterior a él, cuyo conocimiento nos lleva al equilibrio y a la apertura a la trascendencia, de la que recibimos todo bien (San Pablo dijo: «Tres veces imploré verme libre de esta aflicción, y el Señor me respondió: ‘Te basta mi gracia, pues mi fuerza se realiza en la debilidad’). Las solas fuerzas del hombre no bastan para superar sus contradicciones; y cada vez que el hombre lo ha intentado, la historia ha pasado por una etapa sangrienta.

VA: Veritas Amoris, Melina & Granados et… Ed. Didaskalos, Madrid 2025

Deja un comentario